Los imprescindibles de Nueva York

Cuando uno tiene tantas cosas que ver y además pretende verlas fundamentalmente a pie, es muy importante organizar bien el tiempo. Y para eso hay que conocer muy bien la ciudad y sus distancias. En mi opinión una vez se tiene claro el mapa de la ciudad, lo mejor es ir recorriéndola caminando por zonas o distritos. Y eso fue lo que hicimos.

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A continuación, os cuento lo que dieron de sí los tres primeros días de nuestro viaje, que quisimos dedicar a las visitas que para nosotros eran “los imprescindibles de Nueva York”.

DÍA 1. THEATER DISTRICT, MIDTOWN Y FLATIRON DISTRICT

Después de recoger nuestros New York Pass decidimos lanzarnos a conocer bien “nuestro barrio”. Así que recorrimos Times Square y nos dirigimos hacia Bryant Park, nuestro parque de cabecera, que se convertiría en una de las grandes sorpresas de este viaje.

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Bryant Park es un remanso de paz en medio de una montaña de rascacielos. Una vez lleguéis allí empezaréis a entender lo que os digo de la magia de Nueva York, porque este lugar es sencillamente mágico.

Nueva York es la gran musa del cine y Bryant Park es uno de los mejores ejemplos. Durante el día encontraréis a muchos trabajadores de las oficinas aledañas tomando un café o el almuerzo, a jóvenes estudiantes trabajando con su ordenador portátil, padres jugando con sus niños en el césped, turistas disfrutando de un rato de descanso. Y por la noche el parque se llena de luces y se transforma: en una pista de baile, en una sala de conciertos, en un taller de lectura… En la misma plaza hay carteles donde se informa de las actividades que van a tener lugar cada día en el parque.

Cuando estéis en Bryant Park mirad hacia arriba, distinguiréis la hermosa figura del Empire State, pero en primer término veréis uno de los edificios más elegantes de la ciudad, El Bryant Park Hotel. Otra recomendación, visitad sus baños públicos, son sencillamente espectaculares.

En Bryant Park se encuentra The New York Public Library, la biblioteca pública de Nueva York. Inaugurada en 1911 y de estilo neoclásico, es una de las bibliotecas más grandes del mundo.                                                       Biblioteca_01

Os recomiendo que no os perdáis su visita, es una joya arquitectónica en la que se han rodado infinidad de películas y series, pero sobre todo es una joya si sois amantes de los libros. Cuenta con una colección de millones de ejemplares de incalculable valor entre los que destacan la copia manuscrita de la Declaración de Independencia de Thomas Jefferson, o uno de los primeros ejemplares impresos de la Biblia de Gutenberg. En la puerta llamarán vuestra atención dos grandes leones que en los años treinta fueron rebautizados como Paciencia y Fortaleza por el alcalde La Guardia. Esas eran las virtudes que según él debían caracterizar a los newyorkinos en medio de una de las crisis económicas más duras que ha sufrido EEUU en su historia.

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La entrada al museo es gratuita y una vez dentro os aconsejo que contempléis con calma la sala principal de lectura, con sus impresionantes techos de madera y sus lámparas de bronce originales.

Continuando el paseo por la 5º Avenida hay varias paradas que hacer, la Catedral de St Patrick, St Thomas Church, El Rockefeller Center y La Grand Central Station.

La Catedral de St Patrick es la mayor catedral católica de EEUU. Merece la pena entrar a visitarla y detenerse a contemplar sus hermosas vidrieras, sus capillas, el rosetón, el gran órgano y las espectaculares puertas de bronce de su entrada. La entrada a la catedral es gratuita.

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St Thomas es una espectacular iglesia anglicana de estilo neogótico. Impresionante su enorme retablo de piedra y sus órganos. Una paradita para visitarla no está de más.

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-El Rockefeller Center, se conoce así a todo el complejo de edificios comerciales construidos por la familia Rockefeller entre la quinta y la sexta avenida. El complejo lleno de tiendas y teatros está capitaneado por el imponente Rockefeller building y su gran plaza frontal con la estatua dorada de Prometeo y el zodiaco. Cada Navidad esta plaza congrega a millones de personas por su famosísima pista de patinaje sobre hielo y su enorme árbol de Navidad. Junto a la plaza encontraréis la tienda Lego que también merece la pena visitar.

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Después de pasear y contemplar el edificio con detenimiento decidimos continuar el paseo y dejar la visita al edificio y a la azotea, el famosísimo “Top of The Rock”, para la puesta de sol. La vista desde la azotea del Top of the Rock es una de las más espectaculares de la ciudad de Nueva York, pero había leído que por la noche resulta sobrecogedora, así que dejamos la visita para más adelante.

Nuestra siguiente parada fue la Grand Central Station, otro de los escenarios newyorkinos más cinematográficos. Es obligatorio pararse a contemplar la vida de esta estación desde alguna de sus balconadas, observar el ritmo frenético de los viajeros que van o vienen, a los empleados de la estación detrás de las taquillas, los turistas haciendo fotos, y una de las cosas que más llamó mi atención: los corrillos de uniformados, grupitos de jóvenes militares metralleta en mano junto a policías estatales con sus característicos uniformes y sus sombreros de cowboy.

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Una de las cosas que más me gustó de Grand Central fue su mercado subterráneo. Si bajáis una planta descubriréis un interesante mercado gastronómico donde podréis encontrar comida de diversos países, sushi, pasta fresca ya preparada, infinidad de ensaladas, comida marroquí, chocolates, quesos, embutidos…etc etc..

Pero la oferta gastronómica continúa una planta más abajo con distintos puestos de comida para llevar, pizza, tacos, hamburguesas…etc. Nosotros decidimos aprovechar la oportunidad para hacer un descanso y almorzar aquí. Así que compramos unas cajitas de sushi recién preparado y unos trozos de pizza. Todo bastante económico para los precios de la ciudad y delicioso. Por cierto, antes de seguir la marcha podéis comprar unos cupcackes de la famosa “Magnolias Bakery” que también tiene puesto aquí en Grand Central.

Saliendo desde Grand Central de nuevo a la 5ª Avenida descubro al fondo el perfil de uno de los edificios más especiales de la ciudad, el Flatiron Building y me doy cuenta de que no está muy lejos de donde estamos, así que decidimos cambiar nuestro plan inicial y continuamos el paseo por la 5ª hacia allí.

Antes de llegar al Flatiron os encontraréis con el gran, único, increíble, mítico, Empire State Buiding que, por supuesto, hay que visitar sí o sí. Una vez arriba, y después de pasar la preceptiva cola para recoger las entradas, podréis disfrutar de una primera vista de la ciudad a través de los cristales. Si esta panorámica ya es espectacular la que se puede ver saliendo a la azotea exterior ya es para quitarte el hipo. No dejéis de salir fuera a contemplar las vistas con calma, podréis rememorar esas míticas escenas de películas como “Algo para recordar” o “Cuando Harry encontró a Sally”. Desde el año 1931 el Empire State ha aparecido en más de 250 películas!

Un consejo para evitar tiempos largos de espera en la cola es visitarlo coincidiendo con el horario del almuerzo, entre las 13h y las 15h. Nosotros fuimos sobre las 14 y entramos rápidamente.

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Continuamos el paseo por la 5ª avenida hasta llegar a la intersección con Broadway donde se encuentra el Flatiron building. No sé qué tendrá este edificio que siempre me ha fascinado tanto. Su espectacular diseño arquitectónico ha convertido al “apartamento-plancha” (traducción literal de Flatiron por su parecido con las planchas de la época) en un símbolo de la ciudad y en mi opinión, no es para menos. Un poco antes de lanzaros a fotografiar “la plancha”, os aconsejo que os detengáis un ratito en el Madison Square Park.

Encontraréis diversos puestos de comida y bebida y unas agradables mesas donde sentarse un rato a descansar y contemplar con calma el Flatiron. Es exactamente lo que hicimos nosotros aprovechando la happy hour: desde las 16 hasta las 19 la mayoría de bares y locales de Nueva York sirven sus bebidas y cócteles con un interesante descuento. De ese modo te puedes tomar una cerveza por unos 6 dólares, o un mojito o un margarita por unos 7.

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Después del descanso decidimos adentrarnos un poco más en el Flatiron District recorriendo un tramo más de la Avenida Broadway, repleta de tiendas de muebles y decoración, para luego hacer el camino de regreso al hotel de nuevo por la 5ª avenida disfrutando ahora de esa nueva visión de la ciudad que ofrece la caída del sol en Nueva York.

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DÍA 2. LA ESTATUA DE LA LIBERTAD, WALL STREET Y ZONA CERO

El segundo día de nuestro viaje decidimos visitar la Estatua de la Libertad. Para coger el ferry hay que llegar hasta Battery Park en el extremo sur de Manhattan. Es una distancia considerable desde Times Square, así que el trayecto lo hicimos en metro.

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Una vez allí canjeamos nuestras entradas en taquilla y cogimos el ferry. El trayecto hasta Liberty Island es corto, así que hay que aprovechar bien el tiempo para sacar las mejores fotos desde el barco, tanto de la estatua de la libertad como del skyline de Manhattan. Un consejo importante, cuando os subáis al ferry situaros en la planta superior y en el lado derecho. Desde ahí tendréis las mejores vistas.

La Estatua de la Libertad se inauguró en octubre de 1886 y fue un regalo de los franceses para conmemorar los 100 años de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. En 1984 fue declarada Patrimonio de la Humanidad. Una curiosidad, en su diseño participó Gustave Eiffel, el creador de la Torre Eiffel.

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En 2009 el mirador de la corona fue reabierto al público (permanecía cerrado desde los atentados del 11 de septiembre) pero si queréis visitarlo, os advierto que hay que reservar las entradas por internet con meses de antelación y que no son baratas.

Merece la pena recorrer todo el paseo que rodea a la estatua y sobre todo contemplar con calma la preciosa estampa del perfil de los rascacielos de Manhattan que regala la isla.

Después se puede continuar el trayecto en ferry hasta Ellis Island, que fue la puerta de entrada a Estados Unidos para más de 12 millones de inmigrantes entre 1892 y 1954. Aquí se puede visitar el Museo de la Inmigración, donde encontraréis fotografías, cartas, objetos personales y todo tipo de recuerdos de la época. Podréis ver desde cómo realizaban los controles sanitarios hasta como los más desafortunados eran deportados.

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Nosotros decidimos continuar en el ferry de vuelta a Battery Park para proseguir la jornada en Wall Street y visitar la Zona Cero.  Este distrito es conocido como Lower Manhattan, que es en realidad el origen de la ciudad. Porque es precisamente aquí donde nació Nueva York en 1626, cuando el holandés Peter Minuit compró la isla de Man-a-hatt-ta a los indios algonquines a cambio de collares y mercancías valoradas en 24 dólares. Unos años después, en 1664, al ver que la colonia no daba los suficientes beneficios, los holandeses decidieron cederla a los ingleses que la rebautizaron como Nueva York.

El paseo por Wall Street tiene tres paradas obligadas, todas ellas en el cruce entre Wall Street y Broad Street:

  1. El Federal Hall National Monument, donde George Washington fue investido presidente en 1789.                                                                                                                               wall streat_03
  2. Trinity Church, una de las parroquias anglicanas más antiguas de EEUU. (No os podéis perder su cementerio).                                                                                                       wall street_07
  3. El New York Stock Exchange, la bolsa de Nueva York fundada en 1817.                                wall streat_02

Hay dos puntos de interés más en este paseo, el famosísimo toro de Wall Street objeto de todos los focos. De hecho será fácil que paséis al lado y ni lo veáis porque suele haber tantísima gente alrededor haciéndose fotos que casi hay que subirse a una escalera para verlo.

Otra visita interesante, que a nosotros nos quedó pendiente por falta de tiempo, es el Museo de los Indios Americanos.

Desde ahí se llega en un corto paseo hasta el World Trade Center. Hay tres paradas que hacer en la zona cero:

1. Por un lado el Memorial del 11 de Septiembre, donde unas cascadas llenan dos piscinas que vienen a reemplazar el espacio que ocupaban las torres gemelas y en las que se han grabado los nombres de los fallecidos en los atentados. Tengo que reconocer que me sobrecogió muchísimo este lugar, para alguien sensible como yo, tiene una energía muy muy fuerte, se puede percibir todo el dolor que se vivió allí aquél trágico 11 de Septiembre.

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2. El Museo del 11 de septiembre, donde se rinde homenaje a las tres mil personas que fallecieron aquél día. El museo cuenta con vídeos, fotografías, grabaciones de voz, algunos de los vehículos de los servicios de emergencia que se utilizaron aquél día y un sinfín más de objetos que consiguen hacerte viajar en el tiempo hasta aquél trágico 11-S. Un dato que debéis tener en cuenta a la hora de sacar los tickets es que la entrada no es inmediata. Os dirán a partir de qué hora podéis entrar y tendréis que esperar hasta entonces. Pero os cuento un secretillo, no suelen fijarse en el horario que aparece en los tickets, así que podéis hacer como nosotros, que nos adelantamos un poco y no pasó nada.

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Un consejo: la visita al museo es bastante larga y cuando terminas de verlo todo, uno sale con el corazón en un puño. Así que es muy recomendable dejarse para el final el Observatorio del One World Trade Center, para cambiar un poco el chip y recargarse de energía positiva.

3. El edificio principal del nuevo World Trade Center ofrece la posibilidad de contemplar otra perspectiva de la ciudad desde los miradores que tiene en tres de sus plantas superiores. Las vistas son realmente espectaculares. Si vais a visitarlo y no tenéis New York Pass os aconsejo comprar las entradas de forma anticipada.

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Otro punto de interés de la Zona Cero que no os va a pasar desapercibido es el famoso Oculus de Calatrava, se trata de la modernísima estación central del World Trade Center, que ha sido diseñada por el arquitecto español.

Para culminar la jornada en el Lower Manhattan, nosotros decidimos sumergirnos en el maravilloso mundo de las compras en uno de los outlets más recomendados en la ciudad, el Century 21 que se encuentra justo enfrente del Oculus.

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DÍA 3. HARLEM, CENTRAL PARK Y EL TOP OF THE ROCK

Nuestro tercer día en Nueva York, un domingo, aprovechamos para visitar Harlem y asistir a una misa góspel, experiencia única que no os podéis perder bajo ningún concepto.

Para llegar temprano a Harlem cogimos el metro y aprovechamos el tiempo que nos sobraba antes de la misa para dar un paseo por el barrio y ver el famoso teatro Apollo, cuna de algunas de las voces negras más importantes de todos los tiempos. Pasear por Harlem merece la pena, el barrio ha cambiado considerablemente en los últimos años y hay zonas residenciales muy bonitas y tranquilas. Para que os hagáis una idea, la familia Clinton tiene su despacho de trabajo y su residencia familiar en Harlem.

A eso de las diez y media ya estábamos aposentados en la iglesia dispuestos a contemplar con todo detalle el espectáculo que estaba a punto de comenzar. Las misas suelen celebrarse a las 8 y a las 11 de la mañana y pueden llegar a durar hasta tres horas.

Hay muchos templos en Harlem donde se puede vivir de lleno la experiencia góspel, pero para evitar los más turísticos que suelen aparecer en las guías, yo pedí consejo a una amiga periodista que reside en Nueva York. Me recomendó The Greater Refuge Temple y fue todo un acierto. Es impresionante el coro de voces y la banda tocando en directo. Es un espectáculo por el que bien merecería la pena pagar una entrada, porque la calidad de las voces es espectacular. Y otro espectáculo digno de ver son los estilismos de las señoras que asisten a la misa, biblia en mano. Realmente merece la pena verlo. Eso sí, no está permitido hacer fotos ni grabar vídeos durante la celebración de la misa.

Desde Harlem decidimos volver a coger el metro para pasar el resto de la mañana en Central Park.

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El parque es una auténtica gozada, merece la pena tomarse unas cuantas horas con calma para pasearlo y disfrutarlo, o hacer como nosotros y llevarse la comida para hacer picnic en alguno de sus rincones disfrutando de las vistas al lago. También es una muy buena opción alquilar una bici y recorrerlo pedaleando. Tened en cuenta que es inmenso, tiene 340 hectáreas.

En el parque hay varios puntos de interés que no debéis pasar por alto:

Strawbery fields, espacio creado en memoria de John Lennon, que vivía muy cerca de allí en el famoso edificio Dakota. Es uno de los lugares más visitados de Central Park, donde se encuentra la famosa baldosa del Imagine.

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Bethesda fountain, fuente que reconoceréis enseguida porque en ella se han rodado infinidad de películas.

Bow Bridge, puente de hierro forjado también muy cinematográfico, imposible no acordarse de las escenas que rodaron aquí Richard Gere y Winona Ryder para el film Otoño en Nueva York.

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Belvedere Castle, desde las terrazas del castillo se pueden contemplar unas vistas increíbles de la ciudad y del parque.

-El Zoo de Central Park, donde 100 especies distintas viven en tres zonas climáticas diferenciadas.

-Las estatuas de Hans Christian Andersen y de Alicia en el país de las maravillas.

Dos recomendaciones más sobre Central Park:

1. Hacer una paradita para tomar un refresco en el Boathouse. Con suerte habrá alguien tocando el piano para haceros aún más amena la estancia.

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2.Consultar la agenda de actividades del parque con anterioridad por si tenéis suerte y hay algún concierto, lectura, teatro u otra actividad programada ese día.

Nuestra siguiente visita del domingo sería el Top of the Rock, y como nosotros somos así de valientes, decidimos ir hasta allí caminando por la 5ª.

Así aprovechamos para recorrer la parte alta de la avenida donde se encuentran las tiendas de las firmas más lujosas, como la famosísima Tiffanys de “Desayuno con diamantes”.

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Nuestra intención era llegar con tiempo al Rockefeller para poder contemplar la vistas de la ciudad coincidiendo con la puesta de sol. Pero no contábamos con que las entradas a la azotea se organizan en grupos más o menos reducidos y por horas. Cuando llegamos, a eso de las 18h, nos dieron tickets ya para acceder a partir de las 20h de la tarde. En septiembre en Nueva York anochece a eso de las 19.15, así que cuando subimos ya era de noche.

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Pero la sensación que produce la vista desde lo más alto del Top of the Rock es impresionante a cualquier hora del día, imposible describirla con palabras, ¡hay que vivirlo! Es una de las imágenes de Nueva York que siempre llevaré grabadas en mi memoria.

 

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. ¡Genial post! ¡Qué ganas de volver a NY!

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    1. ladisfrutona dice:

      muchísimas gracias!!! qué
      alegría que guste y sea útil!

      Le gusta a 1 persona

  2. Me han encantado todos los consejos! Ya están todos apuntados para nuestro viaje 🙂

    Le gusta a 1 persona

    1. ladisfrutona dice:

      Qué bien!! Cuánto me alegro!! Que lo disfruteis mucho!! Saludos a N.York!!

      Le gusta a 1 persona

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